Agua y mujer: una perspectiva de género y derechos humanos
Frida Sofía Arias Serrano
El agua, H2O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Una fórmula simple que encierra la complejidad de la vida. Desde la primera célula hasta las grandes civilizaciones que hoy pueblan la Tierra, cada forma de existencia depende de ella.
Sin embargo, lo que a menudo damos como un recurso inagotable es, en realidad, un tesoro finito, cada vez más escaso y contaminado, cuya gestión define el futuro de la humanidad.
En muchas partes del mundo, el agua se ha convertido en una carga pesada que recae sobre los hombros de las mujeres y las niñas. Más allá de ser un recurso vital, el acceso al agua segura y limpia es un tema de justicia de género
La larga marcha por el agua
En innumerables comunidades de países poco desarrollados, la tarea de recolectar agua es una responsabilidad tradicionalmente asignada a las mujeres y niñas.
Este rol las obliga a realizar largas caminatas largas (incluso horas), para llegar a fuentes de agua que, en muchos casos, están contaminadas. Esta carga de trabajo tiene un alto costo físico. El transporte de pesados recipientes con agua provoca problemas de salud, mientras que, para las niñas, significa menos horas en la escuela, lo que afecta directamente su educación y sus perspectivas de futuro. Para las mujeres adultas, es tiempo que se resta de actividades económicas, lo que reduce su capacidad para generar ingresos y realizar otras labores.
La huella hídrica: una verdad incómoda
La huella hídrica es el volumen total de agua dulce o contaminada utilizada a lo largo de toda la cadena de producción de bienes y servicios.
La metodología de la Water Footprint Network la divide en tres tipos:
- Huella hídrica verde: el agua de lluvia que se evapora o es absorbida por las plantas durante su crecimiento.
- Huella hídrica azul: el volumen de agua dulce de ríos, lagos y acuíferos que es consumido directamente y no regresa a la fuente.
- Huella hídrica gris: el volumen de agua necesario para diluir los contaminantes hasta niveles aceptables, con el fin de restaurar la calidad del agua.
Un ejemplo de esto puede ser la agricultura intensiva, que es la mayor consumidora de agua dulce a nivel global, pues acapara cerca del 70% de las extracciones. La industria y el consumo doméstico completan un panorama de demanda creciente, impulsado por el aumento de población y el desarrollo económico. Esto revela una verdad incómoda: consumimos mucha más agua de la que creemos.
La mujer como agente de cambio
A pesar de ser las más afectadas, las mujeres son también las protagonistas clave en la búsqueda de soluciones a la crisis del agua. Su conocimiento sobre fuentes de agua, necesidades de la comunidad y familia las convierte en agentes de cambio esenciales.
Los proyectos de desarrollo que incluyen a mujeres en la toma de decisiones sobre la construcción de pozos, sistemas de saneamiento y educación sobre higiene tienen una tasa de éxito significativamente mayor.
Hacia una solución con perspectiva de género. La escasez de agua: una realidad inimaginable
Aunque la Tierra es el “Planeta Azul” con el 70% de su superficie cubierta por agua, solo un minúsculo 2.5% es dulce, y de esta, gran parte está atrapada en glaciares y acuíferos profundos. El agua dulce accesible y segura es, por lo tanto, una fracción mínima, irregularmente distribuida y bajo una presión social fuerte.
La escasez hídrica se manifiesta de diversas formas: la escasez física ocurre cuando no hay suficiente agua para satisfacer la demanda, un problema común en regiones áridas o semiáridas como África. También existe la escasez económica, donde el agua está presente, pero la falta de infraestructura y recursos para captarla, tratarla y distribuirla de manera segura la hace inaccesible para millones de personas. El contraste es brutal.
Un riesgo aumentado: salud y seguridad
La falta de acceso a agua limpia y saneamiento adecuado expone a las mujeres a riesgos de salud específicos, como enfermedades e infecciones durante la menstruación: un desafío enorme sin agua segura y privada.
La inseguridad también es una preocupación grave. Las largas distancias recorridas para buscar agua en áreas rurales y aisladas aumentan la exposición de mujeres y niñas a la violencia, el acoso y la agresión sexual.
El cambio climático: una consecuencia devastadora
El cambio climático intensifica las sequías en algunas regiones, mientras que en otras provoca lluvias torrenciales e inundaciones devastadoras. Los glaciares, fuentes vitales de agua dulce, se derriten a un ritmo alarmante.
Estas crisis suelen afectar a las poblaciones más vulnerables: comunidades indígenas desplazados por megaproyectos hídricos, y agricultores cuyas cosechas dependen de lluvias erráticas; además, el control de presas y la desviación de ríos traen graves consecuencias, como conflictos políticos y sociales.
Contaminación: el mayor problema
Mientras la escasez física nos quita el agua, la contaminación nos la vuelve inutilizable al tirar en los cuerpos de agua desechos industriales, agrícolas y domésticos sin tratar, como plaguicidas, fertilizantes, metales pesados y microplásticos, que comprometen la salud humana y la biodiversidad de ecosistemas acuáticos vitales, y es una de las principales causas de enfermedades diarreicas y otras afecciones mortales, especialmente en niños.
Los costos económicos de la contaminación son enormes. Al menos ocho millones de toneladas de basura envenenan al mar cada año.
“Es el peor de los tiempos, pero también el mejor porque aún tenemos tiempo”, Lloyd Axworthy.
Soluciones: un futuro líquido sostenible
El agua no es solo cuestión de recursos, es un tema de equidad, seguridad y dignidad humana. Reconocer el papel central de las mujeres en la crisis y en la solución debe ser un acto de justicia y una estrategia indispensable para asegurar un futuro sostenible para todos. La solución requiere un enfoque entre innovación tecnológica, gobernanza eficaz y un cambio de comportamiento a nivel individual y colectivo.
El agua no es solo un recurso, es la esencia de nuestra existencia y un derecho humano; pero su acceso es a menudo un privilegio.
Ciudades como Ciudad del Cabo, Sudáfrica, ya han enfrentado la amenaza del “Día Cero”, el momento en que los grifos se sequen.
La batalla por el agua es la batalla por la vida misma, y en cada gota reside la esperanza y el desafío de la humanidad, no esperes a que falte para valorarla.
Referencias
Fundación Planeta Agua. (1986). Manuales de evaluación de la huella hídrica (WFN). Recuperado de https://www.waterfootprint.org/resources/
IPCC, Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. (s.f.). Informes sobre el impacto del cambio climático en el ciclo del agua. Recuperado de https://www.ipcc.ch/languages/spanish/
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